La pintura en juego

Periódicamente algún premioso crítico o ejecutante de las artes decreta la muerte de la pintura, tras lo cual no merman los tenaces oficiantes dispuestos a impugnar el luto o las exequias que serían de rigor ante el diagnóstico fatal. En un período de la civilización en que la proliferación de imágenes virtuales parece confirmar las cada vez más asiduas autopsias a la pintura, surgen artistas como Jesús Lima Morales (nacido en Puebla en 1985), cuya perseverante labor no es solamente cubrir con pigmentos una superficie de tela, sino manifestar la resiliencia del arte pictórico.

Con diez años de trayectoria, Jesús Lima cultiva los elementos de la cultura visual contemporánea (presuntamente letales) para mantener vitalidad y dinamismo en su quehacer creativo: la pintura.

Del intempestivo encuentro entre imágenes de la más diversa procedencia, el pintor Lima Morales provee a sus creaciones de una lúdica disposición a afirmar la vida de la pintura, cuyas manifestaciones tienden tan pronto a la carcajada sardónica o al comentario en el cual asoma una sonrisa irónica, cuanto a la fijación de instantes en que el estupor precede a la inminente revelación de un misterio cotidiano.

Gravita sobre la imaginería de este escrupuloso pintor mexicano una efusión subversiva: ¿cómo infundir a una técnica tradicional el sentido que requiere la disposición tecnologizante de nuestra sociedad? Lima Morales responde a este predicamento con al menos dos vertientes en su obra: por un lado, la explosiva combinación de símbolos y signos cuya procedencia histórica tan disímil detona toda clase de reflexiones inquietantes sobre la condición de nuestra imago mundi; por otra parte, el meticuloso estudio y aislamiento de emblemas inanes, inanimados, cuya condición inorgánica contribuye –mediante paradojas– a descubrir la vitalidad latente en el arte de la pintura, más que en los signos e íconos empleados para dar respiración –ostentosamente artificial– al oficio al cual se ha decretado en tantas ocasiones clínicamente extinto.

La poética del contraste que aplica Jesús Lima en su producción no es nueva ni inusual; al parecer, en tanto mayor insistencia pone cierta crítica y algún sector imaginativo en inhumar el corpus de la pintura, resistencia aún más vigorosa oponen no pocos artistas en jugarse la existencia al perseverar en una oficio que, declarado exánime, recaba ánima y ánimos de los creadores para refrendar su cabal salud.

Jorge Pech Casanova.

Ensayos iconográficos

Si bien, la transformación de las imágenes de masas en obras de arte es una práctica constante desde los años sesenta. Según el crítico de arte Lawrence Alloway existen múltiples discursos de arte Pop, por mencionar unos; el estadounidense y el británico. En el caso de Jesús Lima, éste retoma con libertad algunas propuestas pictóricas e ideológicas de distintos exponentes del Pop Art, por ejemplo, Roy Lichtenstein, Richard Hamilton, entre otros. Uno de los cimientos de esa corriente artística es el de reflejar el fetichismo de la cultura de la inmediatez y la publicidad, en su mayoría urbana, en modo de símbolos e idearios colectivos. Todo ello se ve plasmado en la pintura de nuestro artista, que posee atributos gráficos, tales como, objetos cotidianos (llamativos por sus colores, formas y texturas), íconos de películas o de la televisión, caricaturas de toda índole, juguetes, personajes de videojuegos, reproducciones de obras maestras del arte, recursos visuales de historietas, protagonistas de cómics, grafiti e imágenes populares.

En sus composiciones, al pintor le interesa contrastar la alta cultura con la baja cultura. Provocar un choque intelectual entre el arte académico y clásico versus el imaginario superfluo y de consumo fácil para las multitudes. Lo representa condensado y bien acomodado en el lienzo y nos obliga a diversas e interesantes lecturas de su trabajo. Jesús yuxtapone diferentes lenguajes gráficos a manera de collage y derivado de ello, crea un arte Pop más actual y enmarcado en la postmodernidad, la transvanguardia y la era digital. Como dice Carmen Rodríguez Pedret en “Miradas Pop en la ciudad contemporánea” en las primeras etapas del arte Pop permea un sentimiento de ironía, una negación de la crítica social, por paradójico que sea, y un rechazo de la sacralización del arte. Además de las tres características anteriores habría que agregar la presencia simultánea y azarosa de las cosas en las creaciones de nuestro autor. Para él referirse al arte Pop y a la cultura de masas es adoptar una expresión un tanto ajena a su historia personal que, no obstante, le permite ensayar varias fórmulas iconográficas sobre la tela.

Por último, el manejo del dibujo y el sombreado nos hablan del gusto de Jesús por el hiperrealismo, sin embargo, él no se considera fiel seguidor de esa técnica, más bien, le agrada jugar con el realismo, el colorido pastel, las pinceladas suaves, así como la figura humana femenina y artilugios que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, pero que conviven en un mismo y azaroso espacio. Llama la atención como pinta desde escenas simples, con fondos armónicos y uniformes, con pocos elementos vistos desde cerca, hasta cuadros con una muchedumbre de protagonistas conservando siempre su original estilo Neo Pop. Aunque algunos de sus temas parezcan absurdos, simples o sin lógica, en realidad nos transmiten el sentido estético que impera en el mundo y solo el creador artístico puede revelarlo y transmitirlo.

Adriana Cantoral.